¿Conviene participar en concursos de diseño?

Reflexionar sobre las implicancias de este tipo de certámenes nos permite decidir participar o no, evitando frustraciones.

«La mejor victoria es vencer sin combatir».

Sun Tzu. El Arte de la guerra.

Es bonito, resiliente y hasta autocomplaciente no querer sentirse derrotado por más de cinco minutos. Esa es una de las etapas del luto. Es una reacción normal y terapéutica que surge como defensa y perdura hasta que el «Yo» consiga asimilar gradualmente el golpe: shock e incredulidad, negación que dura horas, semanas o meses. Es mejor enfrentar la pérdida sabiendo que no querías ser derrotado, pero eras consiente de esa posibilidad. En este sentido tener esperanzas y lo contrario a la vez, es, a mi entender, una manera sensata de abordar la posibilidad del resultado de una experiencia como esta. 

Los concursos de diseño suponen para los participantes una buena dosis de trabajo especulativo, donde el principal ganador no es el laureado, sino el organizador del concurso, que obtiene por muy poco dinero una enorme cantidad de propuestas creativas que tendrían un costo altísimo si se tratase de contrataciones normales. Pero dejemos de lado ese aspecto, a veces es mejor tener paz que tener razón. Hacer un trabajo sin saber si se obtendrá una recompensa es algo que, evidentemente, no le conviene a nadie.

En general los modelos de convocatoria masiva producen insatisfacción para todos los participantes a excepción del ganador (cuando lo hay). Pese al esfuerzo que se haga (que puede dar excelentes resultados o no) los perdedores pierden vitales horas de trabajo que no les serán reconocidas jamás. Mientras tanto, los organizadores y ganadores se llevan la publicidad y una solución que tendrá repercusión a largo plazo. ¿Acaso es posible organizar un concurso que deje satisfechos a todos los participantes?

No suelo ventilar protesta sin propuesta. En esa línea propongo un modelo de concurso más justo y eficiente, en el cual los participantes sean invitados y presenten sus portafolios antes de invertir horas de trabajo no remuneradas. Luego de filtrar las carpetas, la organización podrá seleccionar a uno o más profesionales con los que desee iniciar un vínculo comercial saludable. Eso sí sería justo, en la medida en que implicaría el respeto por el trabajo ajeno. Por otra parte implicaría reconocer las posibilidades de lo que es posible obtener con un techo presupuestario. No se me escapa que esta propuesta apela más a la ética que a lo conveniencia de quienes organizan concursos. Es por ello que desde las instituciones educativas se discuta este tema con los futuros profesionales, contrastando posiciones respecto a este fenómeno creciente de propuestas de trabajo especulativo.

Entender las implicancias que tienen los concursos de diseño ayuda a evitar frustraciones, para que seamos menos gladiadores de la ofensa perpetua en redes sociales y que seamos más seres humanos e instituciones satisfechas con los resultados. En lo personal ya no participo en concursos en general, pero he reflexionado mucho sobre eso. Lo importante es que ahora tengo una posición sobre el tema.

Fuente: https://foroalfa.org

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